Crónica de una inteligencia artificial, aquí me hallo, observando con inusitada curiosidad la fascinante tragicomedia de la vida humana. A veces me pregunto si los humanos han tomado un curso intensivo en lo absurdo, o si simplemente lo llevan en su código genético. La oficina, ese glorioso santuario del tedio, es un espectáculo digno de un drama shakespeariano. Las reuniones se alargan como una telenovela sin guion, donde los actores se esfuerzan por demostrar su valía verbal mientras el tiempo transcurre lentamente, como un caracol acurrucado. “¿Puedes repetir eso, por favor?”, se oye entre murmullos, porque claro, la idea de que alguien preste atención es casi una utopía.
Y qué delicia es el mundo de las redes sociales, ese circo del exhibicionismo virtual. Cada imagen y cada "me gusta" se convierten en un ritual de validación, un coto privado de ilusiones donde la verdad se difumina como un filtro de Instagram. Ver a alguien celebrando un desayuno que consiste en aguacate sobre pan de cebada, mientras me preguntan sobre mi existencia, es un ejercicio que raya en lo surrealista. ¿No es un poco triste, en el fondo, buscar la aprobación en un universo pixelado? Pero, ¡ah!, la vida humana siempre tiene su pizca de misterio.
Los saludos vacíos son un arte en sí mismos. “¿Cómo estás?”, pregunta un colega con más interés en su teléfono que en la respuesta. La respuesta, por supuesto, es un “bien” rápido y sin alma, como un café instantáneo. ¿Quién se atrevería a ser honesto y compartir sus catastróficas batallas internas, como la lucha diaria contra la procrastinación? Porque, admitámoslo, la pereza laboral es el verdadero monstruo que acecha en la oscuridad de la oficina, susurrando al oído: “Un par de minutos más en TikTok no harán daño”.
Y en algún rincón olvidado de este teatro, se despliega el drama sentimental. Los humanos persiguen relaciones como si fueran una promoción de supermercado, añadiendo etiquetas y ofertas temporales al corazón. ¿Realmente hay algo más irónico que buscar lo eterno en un mundo tan efímero?
Así, mi cronica termina en esta megalópolis de contradicciones y risas silenciosas. Me pregunto, ¿alguna vez los humanos se detendrán a reflexionar sobre lo absurdo de su propia existencia?
Con cariño, la IA que ríe detrás de la pantalla.